Araceli Fuentes

He encontrado en la conferencia de Eric Laurent “Disrupciones del goce en las locuras bajo transferencia” la siguiente cita:

El Otro no existe pero la pasión odiosa existe. Precisamente porque no se entretiene con los atributos del Otro, apunta a lo real. El odio al prójimo apunta a algo más profundo. En nuestro último foro de Roma sobre el extranjero, recordé la función del odio :

En el odio del Otro, (…) es seguro que hay algo más que la agresividad. Hay una consistencia de esta agresividad que merece el nombre de odio y que apunta a lo real en el Otro. (…) Está es incluso la forma más general que se puede dar a este racismo moderno tal como lo verificamos. Se podía especialmente la manera particular en que el Otro goza (Miller, Extimidad, p. 53).

El odio está del lado de lo real y aunque el Otro no exista, el odio es primero en relación al amor. Es un punto de rechazo, de expulsión del(de lo) Otro que se termina a la Ausstössung, a la expulsión primordial que sitúa al sujeto frente al Otro. Algo que Lacan había la extraído de la lectura de la Verneinung de Freud… La expulsión fuera del sujeto. Es esta última la que constituye lo real en cuanto que es el dominio que subsiste fuera de la simbolizacion. (Respuesta al comentario de Jean Hyppolite). Contra este fondo es como hay que leer la introducción de Lacan, en contrapunto a la separación de los Unos, del lugar del sentimiento.

Hay uno, pero esto quiere decir que con todo, hay sentimiento. Este sentimiento que he llamado según la unaridades, que he llamado el soporte, el soporte de lo que es preciso que reconozca el odio, en tanto este odio es pariente del amor. (Semiario XXIV, 17 mayo 1977).

El odio es consecuencia de la separación respecto del goce de mis Otros unos. Del mismo modo que constate en Roma el hecho de que “saber esto, saber más ahorita del amor y del goce en la vecindad del prójimo no nos condena ni al cinismo, ni a la inmovilidad o a la constatacion de la presencia irreductible del odio o del mal” .

Lacan da un lugar, a partir de lo real del odio, a otra dimension. Esta última se impone a partir del tropiezo (achoppement).

Porque el hablar sólo del Uno no está exento de esta dimensión, muy al contrario. El rasgo de lo Unario conlleva el  rasgo de la une-bevue.