Perla Miglin

En ocasión del Forum que tuvo lugar en Viena, en septiembre del 2017, acerca del ”Miedo al extranjero”, me encontré al abrigo de la lectura de la Correspondencia 1933-1940, entre Walter Benjamin Gershom Scholem.

Me encontré compenetrada en la trama de esas cartas testimonio de una amistad entrañable ente estos dos hombres. Las afinidades y discrepancias del pensamiento de uno y otro se hacen tanto mas patentes en este intercambio cuanto mas similar es el universo de ideas en el que se mueven sus interpretaciones divergentes.

Lo hice inspirada en un comentario de Eric Laurent que me toco “…ambos rehabilitaron, en las Luces, la mística como el horizonte de la razón que en su perspectiva tiene que dejar un lugar a la manifestación de este Otro que viene a perturbar la razón encarnada en las normas…” (1)

Es desde el comienzo de Lacan Quotidien, el numero, 02 que J.A.Miller nos recomienda la lectura del “muy legible” libro de Margaret Macmillan, una historiadora canadiense, de Oxford, que entre 1995 y 2003 trabajo como redactora del International Journal, sobre la Conferencia por la paz que tiene lugar en Paris en 1919.

El libro titulado, por ella, ” París 1919, Seis meses que cambiaron el mundo”

“Léalo -nos aconseja JA.Miller- y verá con qué liviandad, qué despreocupación, qué ceguera, qué ausencia de escrúpulos, en medio de ese descalabro –hay que decirlo, jamás los burdeles de la capital trabajaron tanto, incluso se contrataba personal- en qué atmósfera de negociaciones, de regateo, de desorden, esos tres Señores Sin Empacho: Clémenceau,  Lloyd George y Woodrow Wilson, el de Freud y Bullit, recortaron el mapa de toda Europa, izquierda, derecha, arriba, abajo, en el centro, en el este, por todos lados. China también paso por la máquina de tronzar. Medio Oriente fue recortado con una goma, un lápiz y un doble decímetro. Solamente los turcos escaparon de esto gracias a Mustafa Kemal, un duro, hecho a la medida. Genocida, evidentemente –nobody is perfect. Pero mutatis mutandis, fue igual en el congreso de Viena, donde brillo Talleyrand, y en el congreso de Berlín, bajo la égida de Bismark. Y en Yalta…”

Segui la indicación de Miller, fui a leer, y encontré la actualidad candente de lo imposible del Otro que perdura…

“…

En 1919 el mundo todavía era reacio a expulsar a las minorías y no veía con buenos ojos la asimilacion forzosa. Al parecer, la única opción que quedaba era que la mayoría tolerase la minoría, y la tolerancia era una virtud que escaseaba en muchos países, los negociadores hicieron todo lo posible por obligar a los gobiernos a tratar bien sus minorías. Los nuevos estados y algunas de las potencias menores del centro de Europa tuvieron que firmar acuerdos que los obligaban a tratar equitativamente a sus minorías, a tolerar sus religiones y a respetar derechos como los de  poder usar su propia lengua. Tanto los rumanos como los yugoslavos protestaron. La reina Maria de Rumania pregunto a Wilson si había disposiciones  parecidas para los negros de Estados Unidos o los irlandeses de Gran Bretania. Bratiano, el primer ministro rumano, pregunto porque se singularizaba asi a su país. Italia tenia minorías, pero no se le pedia que firmase. La respuesta de Clemenceau sirvió de poco: dijo que los europeos del este era diferentes, Aunque tanto Rumania como Yugoslavia, acabaron firmando no fue un comienzo prometedor.

Los tratados relativos a las minorías no pasaron de ser un gesto débil ante el aumento del chovinismo (…) la pequenia Estonia dio  voluntariamente autonomía a sus minorías. Las islas Aland donde se hablaba principalmente sueco, permanecieron bajo el dominio de Finlandia después de 1919 , pero un tratado especial garantizo tanto su lengua como su cultura. La segunda guerra mundial mostro otra solución: (…) En 1945 las expulsiones en masa completaron lo que había empezado Hitler(…)En 1919 los negociadores pensaban que habían hecho todo lo posible, pero no se hacían ilusiones en el sentido de haber resuelto los problemas del mundo. Al marcharse de Paris el 28 de junio Wilson dijo a su esposa: ”Bien muchacha se acabo, y como nadie se siente satisfecho, tengo la esperanza de haber hecho una paz justa, pero todo está en manos de los dioses…”(2)

Leo Strauass, nacido en 1899, filósofo alemán de la política, historiador de la filosofía política, emigro definitivamente a los Estados Unidos en los años treinta. Al recorrer su obra publicada, al leer algunas de la conferencia encontramos el  compromiso ”directo” suyo en la ciudad, en el seno de la magma incoherencia de las opiniones contemporáneas, en medio de las dificultad de la vida social y política. Durante una conferencia pronunciada por el en la Universidad de Chicago el 4 de febrero de 1962, Porque nosotros seguimos siendo Judios, Joseph Crospsey, presidente de mesa, abre diciendo que, que la pregunta es un poco mas que una pregunta estrecha, religiosa, en la medida donde la pregunta se vincula con los desarrollos que se remontan a la ciencia moderna y a la vida politica, esta pregunta es una pregunta que probablemente surge no solamente para los judíos, sino también para el creyente de no importa que religión.

Leo Strauss, menciona al inicio de tomar la palabra un hecho ocurrido cuando el tenia seis o siete años de edad-1908-1909- Vivía en un pequeña aldea alemana, testimonia que en la casa de su padre se encontraban refugiados que llegaron de Rusia, de los pogroms. Mujeres, niños, ancianos de camino a Australia. En esa época eso no podía suceder en Alemania.. Leo Strauss cuenta que ellos como judíos vivan en una relación de profunda paz con sus vecinos no judíos. Había entonces un gobierno que no era admirable en todos los puntos, pero que mantenía para todos un orden admirable, de tal manera que los pogromos habrían sido absolutamente imposibles. Sin embargo, dice él, lo que aprendió en ese momento le dejo tal impresión que el no ha podido olvidar hasta el día de la fecha. “Fue un momento inolvidable. El sentí durante un instante que eso podría llegarme a pasar a mí – que cela pouvait arriver chez moi-. Este sentimiento fue recubierto a continuación por otras experiencias mas agradables, pero sin embargo, si puedo decirlo así, fui mancado en lo mas profundo de mi-mismo”(3)

Así  podemos encontrar testimonio de esta índole en la correspondencia entre Gershom Scholem y Walter Benjamin… en que sentido el ”esta índole”? en el sentido de un testimonio advertido del peligro que significa la tendencia de erradicar en Uno lo imposible del Otro.

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1-Eric Laurent, Los Objetos de la Pasion, Tres haches, pag 108

Conferencia, pronunciada en castellano, en el Instituto Descartes, 21 de septiembre 1999

2-Margaret Macmillan, Paris 1919, Seis meses que cambiaron el mundo, pag, 601,ediciones Fabula, 2011

3-Leo Strauss, Pourquoi nous restons juifs, pag,15  , Paris, 2001