Araceli Fuentes

Fragmento de la conferencia de Eric Laurent: “disrupciones del goce en las locuras bajo transferencia”, publicada en la revista El Psicoanálisis nº33.
Lacan concluye su reformulación de la transferencia en un punto clave. La separación entre la transferencia negativa y el odio, que hasta ahora había abordado como pasión del ser. Como la pasión que apunta por excelencia al ser del Otro. El Otro no existe, pero la pasión odiosa existe. Precisamente porque no se entretiene con los atributos del Otro, apunta a lo real.El odio al prójimo apunta a algo más profundo. En nuestro último Forum de Roma sobre el extranjero, recordé la función del odio:
En el odio al Otro, (…) es seguro que hay algo más que la agresividad.
Hay una consistencia de esta agresividad que merece el nombre de odio y que apunta a lo real en el Otro (…)Ésta es incluso la forma más general que se puede dar a este racismo moderno tal como lo verificamos. Se odia especialmente la manera particular en que el Otro goza.[1]
El oído está del lado de lo real, y aunque el Otro no exista, el odio es primero en relación al amor. Es un punto de rechazo, de expulsión del (de lo) Otro que se remonta a laAusstossung de Freud ya en la fase clásica de su enseñanza. “pues así es como hay que comprender (…) la Ausstossungaus dem Ich, la expulsión fuera del sujeto. Esta última la que constituye lo real en cuanto que es el domino delo que subsiste fuera de la simbolización”.[2]Con este fondo es como hay que leer la introducción por Lacan, en contrapunto a la separación de los Unos, del lugar del sentimiento.
HayUno , pero esto quiere decir que, con todo, hay sentimiento. Este sentimiento que he llamado,  según las unaridades, que he llamado el soporte, el soporte de lo que es preciso que reconozca del odio, en tanto este odio es pariente del amor.[3]
El odio es consecuencia de la separación respecto del goce de los Otros unos. Del mismo odio que constaté en Roma el hecho de que “saber esto, saber las aporías del amor y del goce en la vecindad del prójimo no nos condena al cinismo, ni a la inmovilidad o a la constatación de la presencia irreductible del odio o del mal”, Lacan da un lugar a partir de lo real del odio, a otra dimensión. Esta última se impone a partir del tropiezo (achoppement).
Porque el “hablar solo” del Uno no está exento de esta dimensión, muy al contrario. El rasgo de lo Unario conlleva el rasgo de la une-bevue.
No hay nada más difícil de captar que ese trazo/rasgo de la une-bevue  (…) En alemán
Esto significa inconsciente, pero traducido como una- equivocación, quiere decir algo muy distinto, quiere decir un tropiezo, un traspié, un deslizamiento de una palabra a otra.[4]
Detengámonos en esta nueva versión del tropiezo aislada por Jacques Alain Miller.
En su seminario Los cuatro conceptos…, (Lacan) ya había definido el inconsciente mediante el escollo (tropiezo), es decir, mediante la une –bevue. Pero en su Seminario 24, esto tiene un significado totalmente distinto. Aquí, el escollo (tropiezo) o el deslizamiento de palabra en palabra como fenómeno se ubican en un tiempo anterior  aquel en el que puede aparecer el inconsciente. El inconsciente sólo aparece en la une-bevueen la medida en que se agrega una finalidad significante, en la medida en que se agrega una significación.[5]
Y es ahí donde se realiza una nueva versión de la transferencia positiva. Es una transformación añadiendo sentimiento, una transformación añadiendo significación que permite un nuevo uso del partenairede goce para superar los tropiezos de la une-bevuedel sujeto confrontado a lalengua y su inestabilidad, sus deslizamientos permanentes.
Lacan da un nombre a esta transformación mediante el agregado de significación. La designa como un hacer verdadero: “El psicoanálisis, es lo que hace verdadero”…El inconsciente viene después, porque se agrega sentido. “Se agrega un toque de sentido, pero sigue siendo un semblante”.[6]
Así el semblante sigue estando sometido a un régimen distinto de la verdad. El semblante sometido al “hacer verdadero”, permite al sujeto restablecer una homeostasis, a pesar de los tropiezos, a pesar de la profunda inestabilidad de lalengua, a pesar de la homofonía[7]primordial. Es preciso entonces el apoyo del analista, más allá de la función del testimonio, de apoyo, de secretario. Es aquel que hacer verdadero el escollo (tropiezo).
Que por supuesto el analizante produzca el analista, de eso no cabe ninguna duda. Por eso me interrogo a cerca de lo que es ese estatuto del analista al que dejo su lugar de “hacer verdad”, de semblante.[8]
Lo que en el tiempo de la Cuestión preliminar …se presentaba como el horizonte de un tratamiento posible de la psicosis, una estabilización de la metáfora delirante gracias a una ficción no edípica, ahora se generaliza en forma de una homeostasis regida por el principio del placer como defensa contra la disrupción del goce. Pero Lacan introduce ahí una nueva dimensión al considerar que la homeostasis del principio del placer es sinónimo de reposo y de sueño. Jacques Alain Miller dio una transcripción de esta versión del psicoanálisis que constata el Otro roto y restablece un lugar del analista como semblanteentendido en el sentido de un hacer nuevo. “El hacer verdadero”. Este “hacer verdadero” se opone al registro del “hacer ser” contemporáneo del otro que incluye el significante de la Ley. [9]
Se percibe entonces en qué consistiría el psicoanálisis. Consistiría en traer hacia el principio del placer mediante el efecto de sugestión. (…)La sugestión es el efecto natural del significante. Lo entiendo de esta manera porque Lacan dice. “hay contaminación del discurso por el sueño” (…).[10]
¿Qué describe lacan como el uso de lo que se llama, de lo que se llamaba, la interpretación? Curiosamente vuelve a traer ahí el principio del placer y le reconoce un lugar en el Uno.[11]
Al final del recorrido, la sugestión es devuelta a su fundamento primero: el impacto del significante sobre el cuerpo, que permite cierto tratamiento de la disrupción de goce, su atemperación en una homeostasis gracias a la autoelaboración de una ficción no estándar. En esto resiste la importancia de la definición que lacan da del fin del análisis en las conferencias norteamericanas de 1975. “Un análisis no debe ser llevado muy lejos. Cuando el analizante piensa que está feliz por vivir, ya es bastante”.[12]Lo que hay que entender es que esta felicidad de vivir, esta satisfacción, es una satisfacción del Uno. Se sitúa a contrapelo de la satisfacción articulada con el Otro, la que indicaba Lacan en Función y campo…donde
La cuestión de la terminación del análisis es la del momento en que la satisfacción del sujeto resulta realizarse  en la satisfacción de cualquiera, es decir de todos aquellos que se asocian en una obra humana.[13]
Jacques Alain Miller, comentando este pasaje en su último curso, considera que causa “perplejidad”.
No se ve exactamente que aquellos que se asocian en una obra humana, ya sea una escuela o un partido, brillen por la compatibilidad de su satisfacción, se percibe más bien que se pelean.[14]
Por eso Lacan da un lugar, en contrapunto, a la ficción autoreguladora y de satisfacción del Uno, a un nuevo abordaje de la interpretación. La que funciona a contracorriente del uso común de la ficción, como un “despertar”.


[1]Miller, J.-A.., Extimidad, Buenos Aires, Paidós, 2010, pág.53.
[2]Laca, J., “Respuesta al comentario de Jean Hyppolite”, EscritosI, Madrid, Biblioteca Nueva, 2013, pág.369.
[3]Lacan, J., “Le Séminaire: “L’insu que sait de l’une bévue s’ aile à mourre” (cours 17 mai 1977), op. Cit.,pág.17
[4]Id.
[5]Miller, J.-A., El ultimísimo Lacan, op. Cit., pág 142
[6]Id.
[7]Milner, J.C., “Back and forth from Letter to Homophony”, Problemi  volinternational, vol. 1, nº1, 2017, Society for Theoretical Psychanalysis.
[8]Lacan, J., “Le Séminaire 24, (cours 17 mai1977)
[9]Miller J.-A., El Uno solo, op.cit., lección del 11 de mayo del 2011. Clase publicada en Freudiana nº69.
[10]Miller, j.-A., El ultimísimo Lacan, op.cit.,pág.145
[11]Ibid.,pág. 145
[12]Lacan, J., “Conférences et entretiens dans des universités nor-américanes”, Yale University, Silicet 6/7, Seuil, 1976, pág. 15
[13]Lacan, J., Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis”, Escritos I, Madrid, Biblioteca Nueva, 2013, pág.308.
[14]Miller, J.-A., El Uno solo, clase del 6 de abril del 2011.